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| Espiritualidad, Religión y Guerra.Estamos viviendo una época en
la que la incertidumbre de la vida y su fragilidad son mas evidentes y claras,
en estos momentos difíciles el ser humano encuentra la fuerza para continuar su
vida en su interior, en el centro de su espiritualidad, y muestra en su esencia
la actitud y la disposición para mantener el equilibrio en todas sus
dimensiones. En esta lucha del autoritarismo, el pre-determinismo y la
intolerancia contra la libertad y el libre albedrío la espiritualidad hace la
diferencia en la calidad de vida del ser. La
espiritualidad se muestra Frente
a la adversidad La
esencia y la armonía De
la calidad humana Son
las fuerzas creativas Que
nos devuelven la libertad “Igual que mi Padre me
amó os he amado yo... Este es el mandamiento mío: que os améis unos a otros
como yo os he amado... esto es todo lo que os mando: que os améis unos a
otros” (Jn 15, 9-12-17). Pero aquel 'unos a otros'
no tendría que limitarse a un círculo cerrado. Somos enviados a romper los círculos
para difundir amor y servicio y transformar el mundo. “Amad a los enemigos, rezad
por los que os persiguen” (Mt 5,44). Descubre un nuevo camino de vida, un
nuevo estilo de relaciones, un nuevo conjunto de valores, una nueva práctica
económica, que sorprende al mundo esparce la semilla del amor para cosechar la
compasión universal. “Si uno te abofetea en la
mejilla derecha, vuélvele también la otra; al que quiera ponerte pleito para
quitarte la túnica, déjale también la capa; a quien te fuerza a caminar una
milla, acompáñalo dos; al que te pide dale; y al que quiere que le prestes, no
le vuelvas la espalda” (Mt 5,39-42). Porque si amamos sólo a los que
nos aman o a los que son amables ¿qué hay en nuestro comportamiento de
excepcional y sorprendente? Cualquiera podría hacerlo. La misión es descubrir y
unir a la gente comprometida en los designios del Amor por la tierra, ganar más
gente para la causa del Amor, urgir y ayudar a la gente a practicar aquello que
cambiaría nuestros corazones y nuestro mundo en algo humanamente bello. Esto no
se conseguirá sólo si la gente dice o firma credos, mientras que siguen
inalteradas las estructuras del corazón y de la sociedad. No
hay cultura, raza, lengua, época o sistema que puedan agotar de manera
exhaustiva todas las posibilidades humanas y todas las promesas de la vida. Las
percepciones y los logros de cada época, raza, cultura tienen sus propios límites
y diferencias. Sirven para complementarse mutuamente, buscarse y encontrarse en
el tiempo y en el espacio, y así, paulatinamente, comprender y completar lo
Humano. Cada cultura tiene algo que aprender de las demás culturas, y algo que
ofrecerles también. Lo mismo ¿acaso no se aplica
también a las religiones? Dios o no dios habla a todos los grupos y épocas, y
comunica con ellos en una variedad de sonidos y símbolos. Los dones y las
gracias divinos no están concentrados en un único lugar y en un tiempo
determinado, o en un único grupo humano o en una experiencia espiritual o
tradición religiosa. Nada de esto agota la verdad del Amor, ni tampoco la
verdad de la relación que el Amor construye en nosotros, ni la verdad de la
condición humana, ni del corazón humano, ni de sus sueños. Cada tradición
religiosa es parcial e imperfecta, y contribuye a distorsionar el mensaje de
“Dios” y a desfigurar el rostro de “Dios”, a hacer fracasar la obra del
Amor en la historia. Dios habla a cada una de ellas a través del resto. Dios
coloca en muchas manos y corazones los dones necesarios y significativos para
todos. Dios envía cada una de estas tradiciones a las demás para aprender su
propio nombre, porque ninguna religión es una isla, separada y auto-suficiente.
Todas las tradiciones religiosas y espirituales necesitan la palabra de revelación,
de afirmación, de reto, de corrección, de promesa y de asistencia de la otra.
Los logros de cada tradición, sus símbolos, sus santos, sus escrituras, su
arte y sus intuiciones pertenecen a todos en la medida en que generan vida y
liberan. Deben buscarse, ofrecerse, recibirse, asimilarse, integrarse y vivirse
con respeto para provecho de la Calidad humana y de su hogar, la tierra. Esta es
la misión de la espiritualidad y del amor universal. En estos momentos la compasión
universal y el amor universal son las respuestas, no la guerra. 11 de octubre de
2001,
José Alfonso Urquijo Astivia |
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